Iniciamos nuevamente el tiempo de cuaresma e invito a vivirlo, no como una repetición mecánica de una celebración más en nuestra vida, sino con la actitud de asumir decididamente lo que nos dice Dios en el mensaje de su Palabra. Inauguramos este tiempo con el signo de la ceniza, a través del cual, queremos expresar la alegría de la nueva vida que nos trae el Señor.
Hoy Jesús nos quiere invitar a entrar en el mundo de nuestras relaciones. Y para ello nos habla de la justicia, como virtud y camino, que ayuda a encauzar nuestra relación con Dios y con los demás. Luego detalla tres maneras de relacionarnos, tres palabras claves que nos invitan a iniciar un proceso de conversión, un camino hacia la pascua:
" La limosna, para orientar nuestra relación con los demás
" La oración, para mirar nuestra relación con Dios
" El ayuno, para iluminar nuestra relación consigo mismo
En el marco de estos tres sabios consejos, nos dice que recibiremos aquello que hemos buscado. Por lo tanto es muy importante tener cuidado con la hipocresía y en concreto nos detalla lo que hay que hacer:
" Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha…
" Entra a tu cuarto y cierra la puerta…
" Perfuma tu cabeza para que nadie sepa que estás ayunando…
En conclusión, hay que pasar de la exterioridad a la interioridad. Ya que a Dios se le agrada de corazón y no con las apariencias. Por eso deseo que en este tiempo de cuaresma, guiados por la palabra de Jesús podamos entrar en nuestro corazón, reconocer y discernir sus movimientos, para orientarnos decididamente a Dios y darle un mayor espacio en nuestra vida.
Pero hay una motivación más que debe animar nuestra vida: "tenemos un Padre que nos atrae amorosamente hacia él" y la frase clave es esta: "El Padre que ve en lo secreto te recompensará"… Él conoce nuestras búsquedas, nuestras luchas y también nuestros esfuerzos. Por tanto fijemos en él nuestros ojos, concentremos en él nuestro corazón, orientemos hacia él nuestras pequeñas y grandes decisiones, para hacer su voluntad, como lo hizo Jesús su Hijo. La recompensa que tendremos: recibiremos de Dios todo lo que necesitamos para ser felices, para ser auténticos discípulos de Cristo, para ser verdaderamente hermanos e hijos suyos.
Cultivemos la semilla de la Palabra en nuestro corazón:
1.- ¿Qué actitudes de mi vida, siento que el Señor me pide cambiar?
2.- ¿En qué forma concreta, nuestra oración y ayuno, se transformarán en gestos concretos de solidaridad?